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Creciendo más allá de la brecha de género

En las zonas rurales de Guatemala, un huerto comunitario o una cocina escolar pueden parecer una simple intervención para garantizar la seguridad alimentaria. Pero si pasas una mañana con las mujeres de cualquiera de las comunidades a las que servimos, pronto te darás cuenta de que se está cultivando algo mucho más grande.

En este Día Internacional de la Mujer, queremos hablar de lo que ocurre más allá de la cosecha. De las conversaciones que se desarrollan entre hileras de verduras. De los lazos que se crean alrededor de una olla compartida. De la forma silenciosa y poderosa en que, cuando las mujeres se reúnen con un propósito, las comunidades comienzan a sanar.

Cómo los espacios para mujeres hacen crecer las comunidades desde dentro hacia fuera

Cuando lanzamos nuestro Programa de Nutrición junto con nuestro socio We Effect, el objetivo era claro: mejorar la seguridad alimentaria de las familias de las comunidades que se enfrentan a retos nutricionales. Y funciona: los hogares tienen acceso a productos frescos, los niños comen mejor y las familias aprovechan mejor sus recursos.

Pero en esos huertos ocurre algo más que no aparece en los informes nutricionales. Las mujeres llegan, no solo para plantar y cosechar, sino para estar juntas. Para hablar. Para compartir lo que ocurre en sus hogares, en sus familias, en sus vidas. Para compartir cuidados.

“En los huertos comunitarios, uno tiene un espacio para platicar con sus vecinos y es divertido porque antes no teníamos eso. Pero además, no hay tareas que sean «solo para mujeres» o «solo para hombres»; nos organizamos y todos ayudamos.” Teresa Pérez, líder comunitaria y miembro del huerto comunitario de Tizamarté.

Las palabras de Teresa transmiten algo profundo. En estos huertos, la división tradicional del trabajo, en la que el trabajo de las mujeres es invisible y el de los hombres se valora, comienza a disolverse. Todos plantan, cosechan y contribuyen. En ese esfuerzo compartido, junto con las semillas, se arraiga un nuevo tipo de igualdad.

La misma transformación se produce en las cocinas comunitarias. Lo que comienza como un espacio para cocinar comidas escolares nutritivas se convierte en algo que las mujeres no sabían que necesitaban: una red. Estas cocinas se convierten en redes de apoyo informales pero poderosas. Espacios seguros donde no solo se llevan recetas y conocimientos nutricionales, sino también la sensación de que no están solas.

Niñas en la mesa

Si los espacios para mujeres transforman las comunidades, los espacios centrados en las niñas siembran las semillas para la próxima generación.

A través de nuestros programas educativos, las niñas de las escuelas participan en los gobiernos escolares. Se trata de organizaciones estudiantiles reales y funcionales en las que aprenden a proponer ideas, tomar decisiones, presentar sus puntos de vista y liderar a sus compañeras. Para muchas de estas niñas, es la primera vez que alguien les pregunta: ¿Qué piensas? ¿Qué quieres cambiar?

El proceso es intencional. Se apoya a las niñas para que participen, expresen su opinión y ocupen puestos de liderazgo que nunca se les dijo que podían ocupar.

Como parte de estas iniciativas, organizamos el primer evento del Día de las Niñas en Esquipulas, que reunió a más de 80 niñas de diferentes escuelas de las comunidades a las que servimos. Niñas que nunca antes habían compartido un espacio como este, que venían de diferentes comunidades, diferentes aulas, diferentes realidades, pero que encontraron, en esa sala, algo en común.

El evento fue diseñado para celebrarlas, para amplificar sus voces y para mostrarles que son vistas, escuchadas y que sus sueños son válidos. Este fue un recordatorio de que el mundo es mejor cuando las niñas están en él, plenas, fuertes y sin complejos.

En todas las comunidades las desigualdades de género son reales. Determinan quién come primero, quién va a la escuela, quién tiene voz en las reuniones comunitarias. Estas desigualdades no desaparecen de la noche a la mañana. Pero empiezan a reducirse: en un huerto donde todos hacen el mismo trabajo. En una cocina donde se valora el conocimiento de las mujeres. En un aula donde las niñas alzan la voz.

Son espacios donde todos crecen en comunidad.

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